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Bon dia a tothom, buenos días y muchas gracias, en primer lugar, por la amable invitación de tan ilustres organizadores y colaboradores a mi participación en estas jornadas de lema tan sugerente: Nuestra meta es ayudar.
Es probablemente el lema del siglo XXI. Muy por delante de otros como la innovación, la comunicación, la globalización y todos los "on" que de pronto nos sobrevienen sin saber muy bien qué hacer con ellos. Tan sólo sabemos que debemos hacerlos nuestros salvo que queramos quedarnos fuera del sistema. Quizás algún día tenga la oportunidad de hablarles de todo ello, como herramienta que es de nuestro trabajo en Business&Media.
Es mucho más fácil asumir el gran lema de nuestra generación y de estas jornadas de las Fundaciones del Deporte: Nuestra meta es ayudar. Sí, pero cómo. A quién y en qué momento. Traslademos estas interrogantes al mundo del marketing, del patrocinio, de la unión entre el mundo de las empresas y sus marcas con el deporte.
Verán, yo tengo una teoría. Sé que el deporte español atraviesa un momento dulce que merece ser reconocido y elogiado. Y yo lo hago antes de cualquier otro análisis. Gasol, Nadal, Contador, Iniesta, Torres, Alonso... son ejemplos que personalizan ese éxito junto a los logros colectivos en baloncesto, tenis o fútbol.
Lo sé y sólo ese hecho ya parece aconsejar a las empresas invertir en imagen unida al deporte. Dejando esa sencilla ecuación al alcance de cualquier observador al margen, son muchos los que sienten, y yo entre ellos, que el deporte se nos va de las manos. Sobre todo el deporte profesional. Y más aún aquellos deportes que mueven masas. Que agitan a las masas. Que alientan pasiones. Que a veces hacen aflorar los más bajos instintos de las personas. Que obligan a tomar medidas de seguridad excepcionales sin que exista la previsión de que vaya a asistir un cúmulo de personalidades tal que lo haga aconsejable...
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